El Miedo

El miedo se toca, se vive, se sufre y hasta molesta. Molesta, si, porque yo no soy vox populi, no formo parte de la chusma que se arremolina todos los días a recibir su ración de lecciones maniqueas sobre la vida que se imparten por la T.V. abierta, en los horarios estelares acostumbrados en los que pasan los noticieros. El miedo es amplificado, distorsionado y hasta acomodado en dichas emisiones matinales y nocturnas por supuestos periodistas, mal formados, inexpertos, nada profesionales que no hacen otra cosa que dar su chafa opinión o comentario sobre una gigantesca variedad de temas de los conocen nada.

El tema de hoy, el que está en boca de todos, es la inseguridad. Todos los payasos televisivos, radiofónicos, masivos (no, no solo Amador Narcia, masivos por el medio, digo) leen la nota (pocos la obtienen), pero antes la presentan, luego la comentan, de una forma muy parecida a lo que haría la vieja fodonga con la cabeza llena de tubos de peinar, con su mandilote y su par de chanclas, al más puro estilo “ay manita, déjame contarte, es que ya no se puede…”. Y esto lo han venido haciendo desde hace ya varios años.

El asunto es que si el idiota promedio que pone toda su confianza en lo que ve en la tele, lo que oye en la radio y lo que lee en los periódicos y revistas va y compra los productos de Genoma Lab, poco se puede esperar de su criterio cuando le dicen en su horario estelar que todo está perdido, pero es predecible: el miedo cunde, se amplifica y, lo peor de todo, se amplifica.

A partir de este año ya llegamos a límites insoportables, como el de la muerte Mariana Levy, pero cualquiera puede hacer el experimento: intente caminar atrás de alguien por más de 2 cuadras, ni tan cerca ni tan lejos, de modo que se puedan escuchar sus pasos (obviamente, el experimento es para gente con cacumen, con sal en la mollera, no para los mencionados idiotas promedio), y se percatará de las cosas más inverosímiles. Si es Usted de los que camina con frecuencia, no será necesario hacer el experimento, ya que invariablemente ocurrirá que tenga que atravezar la calle al mismo tiempo que otra persona, que tenga que usar la misma acera, que tome el mismo transporte, que se baje en el mismo lugar, etc.

En el experimento se notará que las mujeres toman con fuerza su bolso o lo aprietan contra si, los hombres se detienen, apuran el paso o de plano voltean, incluso me han tocado quienes se echan a correr. En las miradas la sorpresa, porque esperan ver a un fascineroso, rufián, arrabalero y demás, y en su lugar me ven a mi, bien vestido, saco y corbata, con mi notebook y mi radio digital… “pero en nadie se puede confiar, manita, ya ves lo que pasaron en la tele, lo que dijeron en el radio, lo que leí en aquella revista o periódico…”

El otro día, el asunto casi llegó a los golpes, a los que no les saco, por cierto. Un tipo de la llamada tercera edá platicaba animadamente con una mujer de las llamadas cuatro décadas en la acera de enfrente a mi domicilio, era ya la hora del crepúsculo, y habiendo yo llegado del trabajo con el antojo de una Coca-Cola, me dirigía a la tienda de conveniencia más cercana. Era inevitable pasar entre ellos (pues platicaban a ambos lados de la acera), y el tipo me clava la mirada con exactamente la misma sorpresa descrita en líneas anteriores, con la actitud de un novio quinceañero que espera que los buitres de alrededor no le aguanten la mirada y con eso evitar que vean a su chica, pero ¡oh sorpresa! en primer lugar siempre me ha gustado sostener las miradas, y en segundo lugar esta vez no andaba de humor, así que me molestó la notoria actitud “sshhh… cállate, veamos a este que viene muy sospechoso…” y ambos callaban, efectivamente. Me molestó muchísimo que aún bien vestido, con corbata, chamarra de piel, vecino además de ellos, el tipo tomara esa actitud, y luego que me sostuviese la mirada durante más de 20 pasos… en fin… de no ser que recordé un viejo chiste “siempre que comas vegetales, quítale las sillas de ruedas…” le hubiese increpado y quien sabe que hubiese ocurrido.

Hace ya muchos años, en plena secundaria, unos mozalbetes de una escuela cercana anduvieron asaltando a los de la mía, y para mi mala fortuna también me tocó a mi, pero como estaba acompañado de un amigo que cuando se dió cuenta de lo que iba a pasar corrió como zaeta, le cayeron a golpes y a mi me fué arrebatado mi cinturón, para después darle de correazos a el, por el simple hecho de haber tenido miedo y querer huir. El cinturón fué lo único que perdí ese día.

Si, por supuesto que el D.F. es inseguro. Pero en términos porcentuales no es el lugar más peligroso del país. Sin embargo, y mientras no exista un periodismo de verdad, a la chusma se le dirá que el infierno de Dante era el paraíso comparado con esta ciudad (que, dicho sea de paso, no me gusta para vivir toda mi vida, y me cambiaré tan pronto me sea posible). Para la chusma, el miedo constante. Para mi, si me toca, me tocó, y punto.

 

Comentarios formato anterior:

asqueado por Alejandro Casas el martes 12 de julio de 2005

asqueado de tu pagina (bueno, no de tu pagina literalmente. Sino de lo que tratas en ella. Por el contrario me parece muy buena -incluso ya la bookmarckie si me permites la expresion-) de darme cuenta de toda la mier… de este nefasto pais! Pobre Mexico esta tan lleno de mexicanos. Y al igual que tu espero largarme lo mas lejos posible de el, en cuanto pueda.
Por lo pronto tratemos de sobrevivir hasta que lo logremos…
Mucha suerte!!!!

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