La pregunta es ¿que celebran los que celebran México? Porque en ninguna de las muchas y sobradas palabras de aquellos que aparecen en los medios, de los que compran sus banderitas y adornitos “patrios”, de aquellos que ostentan una acta de nacimiento que corrobora el que sus padres tuvieron a bien (o a mal) haber parido en México o de aquellos que ya cuentan con su credencial de elector, he escuchado alguna coincidencia, algo que defina el motivo de celebración, y sin embargo, si muchas cosas que no son motivo de ninguna fiesta.
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Estoy usando un nuevo sistema para administrar y publicar en mi sitio, pues luego de probar con algunos de los que se instalan y se usan ninguno llenó por completo mis expectativas. Me sumergí en la programada y el resultado es todo un nuevo sistema, más ligero y eficiente, pero con las facilidades que requería (especialmente la moderación de nuevos comentarios. En breve modificaré la apariencia, por el momento es solo el contenido y nada más…
Primero las tácticas mariconas de Carlos Gelista, luego las chiquilladas (estupideces) de Jorgito Lara y Gabriela Cuevas, y ahora, el pre-candidato a la presidencia (hágame el favor, señor pretensioso) de Felipe Calderón Hinojosa con el reloj de Andrés Manuel López Obrados (también conocido como AMLO). Seré breve: resulta que se le prendió el foco (o nomás dió charolazo por pelón) y decidió enviarle una carta (claro, no sin antes anunciar a los medios que lo estaba haciendo) y un cheque por 10,000.00 pesos a la sede del Gobierno Capitalino, para adquirir el reloj Tiffany del tabasqueño, valuado en más de 9,000.00 dólares, que dizque para una rifa, y con el único objetivo de aparecer en la tele… ¿y esta es la estrategia de un probable candidato presidencial?
Nuevamente, con las mismas tácticas de antaño (acarreados, presión multitudinaria, etc.), observamos como un gobierno oprime a las minorías. Nuestro país no fué fundado sobre bases sólidas que protegieran la libertad, la justicia y la protección del individuo, y en el caso de la posible construcción de la famosa Concha Acústica en la Plaza de la Conchita, en Coyoacán, todo el peso del gobieron contra quien viva cerca, lo que interesa es la ganancia política.
La ilegalidad está tan arraigada en la sociedad, que no solo es imposible combatirla (imposible usando métodos tradicionales, claro está), sino que a veces es el único camino que dejan las ineptas autoridades, y no es que justifique de ninguna forma el que se siga el camino de la ilegalidá, no señor, pero en el caso que nos ocupa esta vez la autoridad insiste en forzar el camino fuera de la ley.
El miedo se toca, se vive, se sufre y hasta molesta. Molesta, si, porque yo no soy vox populi, no formo parte de la chusma que se arremolina todos los días a recibir su ración de lecciones maniqueas sobre la vida que se imparten por la T.V. abierta, en los horarios estelares acostumbrados en los que pasan los noticieros. El miedo es amplificado, distorsionado y hasta acomodado en dichas emisiones matinales y nocturnas por supuestos periodistas, mal formados, inexpertos, nada profesionales que no hacen otra cosa que dar su chafa opinión o comentario sobre una gigantesca variedad de temas de los conocen nada.
En la Ciudad de Los Angeles, California, no se puede circular por el carril de alta velocidad de las vías rápidas, si uno viaja solo en su automóvil. Hay una ley que previene que si solo hay un ocupante en un automóvil (a menos que se trate de una situación de emergencia, claro) se pueda viajar en los carriles de alta velocidad. Como consecuencia, la imagen que se aprecia en las horas pico del tráfico es la ocupación máxima de todos los carriles en los freeways, con excepción de los carriles de alta, porque casi todo el mundo prefiere viajar solo. Este es un ejemplo de una ley que incentiva (que a lo mejor no es muy efectiva, pero que permite la circulación de los vehículos de emergencia con facilidad aún en las horas de mayor carga vehicular) y no una ley estúpida que solo ordena, me explico:
La administración de Vicente Fox terminó con el impasse que ellos mismos generaron con el gobierno del Distrito Federal, cuando a todas luces una bola de nieve se convirtió en una avalancha que amanazaba con aplastar a las ya de por si jodidas instituciones del país. Pero en el proceso, todos hemos perdido algo muy valioso: la noble aspiración a un Estado de Derecho de un pueblo.
A Gabrielita y a Jorgito no les dijeron que habían salido de la primaria. Y dado ese motivo, el par no para de hablar, actuar y hasta pretextar como si no estuviesen ya grandecitos y llenos de pelos por todas partes desde hace ya muchos años. Por ello, no encontraron (ni van a encontrar) razón alguna para explicar porqué supieron con celeridad, y antes que nadie, que el tristemente célebre expediente de “El Encino” y por el cual se desaforó a Andrés Manuel López Obrador iba a ser consignado, y prestos, raudos y veloces (y de seguro aún chupando una paletota roja y redonda, al compás de los brincos de la Pantera Rosa) se fueron a una sucursal de Bansefi a pagar la fianza de AMLO, y la diputada Gabriela Cuevas y el diputadillo (nadie lo eligió, pobrecito plurinominal) Jorge Lara salen y saldrán en la foto como niños buenos. ¿Será delito que tengan relaciones sexuales? hay leyes en contra de la pedofilia…
Pensé que no iba a escribir nada sobre la muerte de Juan Pablo II, y no lo voy a hacer. Pero de forma relacionada he de decir lo siguiente acerca de su recién nombrado sucesor, ex-cardenal Ratzinger, ahora papa Benedictus XVI: El discurso que pronunció en la última misa celebrada en la basílica de San Pedro, que muchos vieron como su promoción como papable, concuerda con mi visión sobre la congruencia: un conjunto maduro de creencias (o, en caso de los no-creyentes, de reglas) no anda cambiando según el viento del momento, no se ajusta a los tiempos, es constante y se respeta. Y agrego yo: respetar las propias reglas, aún a costa de algún beneficio, es respetarse a si mismo. Quien se falte al respeto, no merece el respeto de nadie. Unica coincidencia con el sr. Ratzinger / Benedictus XVI. Dicho lo cual, finiquitado el asunto.