Propranolol y el nuevo yo
Hace mucho tiempo que no escribía en mi blog. Aunque las razones son múltiples y variopintas, ya es tiempo de volver a actualizar mi bitácora personal. Le toca el turno a una de los episodios más oscuros y difíciles de mi vida: el tiempo que viví siendo casi otra persona.
Todo comenzó en 1995, hace 14 años. Una cardiopatía (arritmia) que me tomó por sorpresa (¿a quién no?) hizo que mi vida cambiara de pronto y de una forma radical. Estuve internado en 2 ocasiones durante una semana cada una, y con el único objeto de analizar las razones del porqué a mi edad (entonces tenía 22 años) se presentara esta dolencia...
Se resolvieron 2 cosas: que debería hacer ejercicio (me dedico primariamente a la informática, y en esta profesión es normal llevar una vida sedentaria) y que tomara una clase de medicamentos llamados beta-bloqueadores.
El primer medicamento que tomé se llamaba amiodarona (Cordarone es el nombre comercial). De forma inmediata, dejé de tener lo que en arritmia cardiaca se llaman extra-sístoles, es decir, ya no tenía arritmia. Hice un esfuerzo y ya no pasaba tantas noches de insomnio frente al monitor ni escribiendo código. Mi condición simplemente desapareció.
Por ahí de 1997 cambié de médico (el anterior también dió en recetarme Tafil, porque consideraba que mi condición se presentaba por stress, cosa que no era cierta). El nuevo cardiólogo, médico militar, cambió el medicamento a Inderalici (Propanolol). En esos tiempos aún no eran del todo conocidos algunos efectos del Propanolol, como relataré más adelante.
Hacia finales de 1998 algo había cambiado. Me encontraba muy concentrado, pero lento en mis reacciones. No tenía la misma estámina. Simplemente me cansaba más pronto y no sentía que resolvía problemas con la misma velocidad (aunque lo hacía). La sensación comenzó a a ser como estar no completamente en vigilia.
En el año 2000 noté que, aunque mis capacidades profesionales seguían siendo las mismas, socialmente era más retraído. Simplemente veía que a las personas que me rodeaban no me consideraban "normal", y lo atribuí a que no entendía albures y chistes que se daban en el equipo de trabajo (era un equipo caso 100% masculino). De hecho, prácticamente me había convertido en la comidilla de mis colegas: me negaba a salir a bares, o simplemente a reuniones con amigos y compañeros de trabajo, con el consecuente escarnio y burla de rigor.
Llegando al 2004, noté que me empezaba a costar trabajo concentrarme, entrar en el humor para poder programar o desarrollar proyectos complejos. Se me ocurrió un término para definirlo: "niebla mental", y dado que en Internet la mayor parte del contenido está en inglés, realizé una búsqueda por "brain fog". No recuerdo si fué este el link que encontré, pero fué una absoluta revelación:
Propanolol "mind fog": Medications.com
¡Había más personas con mi condición! Si bien la primera inspiración fué una amiga que me comentó, por ahí del año 2001 cuando murió su madre, que se había tomado una dosis alta de Propanolol para no sentirse tan mal. Me comentó que era algo que yo debía conocer (el efecto de aletargamiento al que ella hacía alusión). Para mi era desconocido en ese entonces dicho efecto. La dosis que consumía era siempre mínima (10mg. por la mañana y 10mg por la noche, y no todo el tiempo). Ahora encontraba que la condición era compartida. Un poco más de búsqueda me hizo encontrar lo que temía: que al no haber consultado a un médico (error de mi parte) había estado bajo este medicamento durante más de un año, y eso no era recomendable. Siempre hay que consultar a un médico cuando se trata de medicamentos.
Dejé de tomar Propanolol, y no volvió la arritmia (ahora, de hecho, prefiero usar las escaleras a usar un elevador, y camino siempre que puedo, aunque no hago "ejercicio" como una rutina). Lo que sucedió gradualmente fué que desapareció la "niebla mental", y fué como si me hubiesen quitado una venda de los ojos, pero también fué mucho, mucho más...
Todas las personas que traté de 1998 a 2004, especialmente de 2000 a 2004, se habían formado una imagen de equivocada de mi. De pronto, todas aquellas cosas con las que no estaba de acuerdo fueron expresadas. Mi capacidad física e intelectual regresó al estado anterior a tomar Propanolol. Hubo quienes sólo se burlaron de mi incapacidad de enfrentar situaciones sociales adversas. Hubo quienes se aprovecharon hasta niveles inombrables. Pero también hubo quienes estuvieron a mi lado durante todo el proceso.
En julio de este año, causó cierto revuelo una serie de artículos el que había sido descubierta una propiedad particular del Propanolol: el hacer olvidar malos recuerdos. Bueno, no hacerlos olvidar del todo, pero si estaba probado que la sensación de malestar de los malos recuerdos era casi completamente borrada de la memoria si uno consumía, durante el desarrollo de tales eventos, Propanolol:
Wired: Thanks for the Memories ... Whatever They Were.
Ahora comprendo mucho mejor lo que sucedió a finales de 2005 (en ese caso, simplemente dejé de ser pusilánime, que es una palabra que puede describir con exactitud los efectos adversos del prolongado uso del Propanolol).
Desconocía hasta que punto se habían afectado mis relaciones sociales hasta que asistí a una comida con mis ex-compañeros de trabajo el miércoles 22 de abril de este año. Cuando se referían a mi lo hacían describiendo a otra persona, que ahora me resultaba en extremo lejana. Un primer intento de mostrarme como era en realidad resultó infructuoso. Quizás en ese círculo de amigos nunca recupere lo perdido, pues no me conocieron desde antes.
En realidad, y después de todo lo que pasó, no hay mayor culpable que yo. Es una obligación de una persona responsable el conocer todos los efectos de un tratamiento, sus beneficios y posibles efectos secundarios. En mi favor sólo puedo decir que estuve al pendiente, pero los datos fueron publicados en 2004 y en 2009 (14 años después).
Los medicamentos son un gran avance científico. Pero como todo gran avance, son peligrosos si no se les maneja con cuidado...
Comentarios formato anterior:
No se tapa el sol con un dedo por noemi el domingo 18 de octubre de 2009
Trabajo a menudo en el consultorio con personas de mediana edad o adultos mayores que toman toda clase de medicinas: veo gente temblorosa a veces, indiferente otras, o aletargadas emocionalmente, ajenas a sí mismas, de color verdoso, mirada perdida y sin vitalidad. Sobre todo los que han tomado mucho tiempo antidepresivos y ansiolíticos pareciera ser que tienen "seco el cerebro" de alguna manera que en casos severos diera la impresión de irreversible. Justo desde hace dos meses tengo una serie de alteraciones de mi sistema vegetativo importantes (palpitaciones, mareos, parestesias) que me tienen literalmente aterrada, sin embargo más miedo me da lo que me recetan los médicos, así que no tienes idea cuánto me mueve tu post. Un abrazo.
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